| |
Vicente Aupí
(Diario de Levante)
Palabras claves. Frío,
1956 nevadas, año del frío.
Sucedió hace medio siglo. En un escenario propio
de la edad de hielo, Europa vivió los mayores fríos del
siglo XX y la Comunidad Valenciana y el resto de España
no sólo no escaparon del golpe, sino que sufrieron de
lleno las temperaturas más bajas desde los gélidos
temporales del siglo XIX, la época en la que todavía se
helaban el Támesis en Londres y el Ebro en Tortosa,
junto a su desembocadura en el dulce
Mediterráneo. Temperaturas mínimas en febrero de 1956
en
Vicente Aupí
VALENCIA FOTOS:
LEVANTE-EMV
AQUEL mes de hace 50 años fue posible observar
carámbanos en las aguas heladas del Mare Nostrum, y
tierra adentro los olivos y los naranjos sucumbieron por
docenas en Andalucía y la Comunidad Valenciana, cuyos
apacibles climas se torcieron para dar paso a una enorme
masa de aire ártico que quedó estancada sobre España
desde principio hasta final de mes. Para dar una idea de
la intensidad de los fríos registrados en febrero de
1956, José Ángel Núñez, del Instituto Nacional de
Meteorología (INM), destaca que «las masas de aire
ártico llegaron a ser hasta 10 °C más frías que la que
nos afectó el fin de semana pasado en la Comunidad
Valenciana».
Asimismo, la protagonista de febrero de 1956 no
fue la nieve, sino el mayor enemigo del campo
valenciano: las heladas negras. En la hoja de
observaciones meteorológicas que permanece archivada en
la sede del INM en Valencia está plasmado que a lo largo
del fatídico mes no se registró ni un solo día de
escarcha, pero en cambio sí que constan 12 días de
helada en el observatorio de la capital. Fue aire
extraordinariamente seco, que mordió sin piedad toda la
franja costera mediterránea, donde fuera de las grandes
ciudades el número de días con temperaturas bajo cero
aun fue muy superior. En las comarcas más frías del
interior estuvo helando prácticamente todo el mes, tanto
de noche como a pleno día, y en la franja litoral
valenciana los termómetros cayeron hasta valores que no
se daban desde finales del siglo XIX. Aunque ya era
conocido en la tradición agrícola de numerosas zonas de
España, febrero de 1956 consolidó el concepto de helada
negra en la literatura meteorológica. Su denominación se
debe a que las masas de aire que las causan son tan
secas que no producen la escarcha de las típicas noches
invernales, por lo que la helada no se aprecia
visualmente, aunque sus efectos sobre los frutales y los
cultivos son desastrosos.
En
aquel febrero el registro más bajo de la Comunidad
Valenciana se dio en el término de Vistabella, en San
Juan de Penyagolosa, que el día 12 alcanzó los –19 °C.
Castellfort dio –17 y las localidades de Bocairent y
Villena compartieron –15. Ya junto a la costa, además de
los –7,2 de Valencia, los –4,6 de Alicante y los –7,3 de
Castelló —las mínimas históricas del siglo XX—,
sobresalen los –9,5 de Manises, los –8,5 de Gandia y los
–8 de Benicarló.
Pero
lo importante no fueron esos récords, sino la anómala
circunstancia de que en muchas de estas poblaciones heló
más de 15 ó 20 días del mes, según los casos, y de forma
muy persistente, lo que causó una enorme catástrofe para
la agricultura valenciana. Respecto a otros episodios
fríos, una de las grandes diferencias de la situación
atmosférica de febrero de 1956 se concretó en que estuvo
gobernada por un potente anticiclón situado entre el
archipiélago británico e Islandia, que conjuntamente con
una depresión en el golfo de Génova canalizó aire polar
extraordinariamente frío que alcanzaba la Península por
su flanco este, mucho más afectado que la vertiente
occidental. El aire seco y glacial y los cielos
despejados se aliaron para favorecer heladas
extraordinarias que no han vuelto a
repetirse.
Aun
así, José Ángel Núñez nos recuerda que en el siglo XIX
se dieron episodios más gélidos, como el de enero de
1891, en el que Valencia marcó su récord absoluto de
frío desde que se iniciaron las observaciones
meteorológicas en la capital en 1869. El 18 de enero de
1891 Valencia llegó a –8,0, en un mes en el que la
ciudad del Turia tuvo 18 días de helada, es decir, seis
más que en febrero de 1956. Núñez apostilla, asimismo,
que 1891 fue el último año en el que el río Ebro se heló
en Tortosa.
En
febrero de 1956 se registraron tres invasiones de aire
polar, las dos primeras los días 2 y 11 y la última a
fin de mes. Sin embargo, Inocencio Font Tullot, uno de
los grandes estudiosos de la climatología española,
siempre sostuvo que en realidad se trató de una única
invasión de aire polar que abarcó todo el mes y que
estuvo dividida en tres oleadas sucesivas que alcanzaron
su máximo los mencionados días.
Febrero de 1956 sigue siendo un buen ejemplo a la
hora de analizar el cambio que se ha producido en el
clima de España en el último medio siglo, porque si bien
se trata de uno de los acontecimientos más extremados
del siglo XX, en realidad se produjo en una época en la
que las olas de frío eran mucho más frecuentes e
intensas que en el presente, a pesar de que inviernos
como el actual y el de 2005 parezcan un indicio de que
el clima tiende a enfriarse otra vez. Pero,
efectivamente, medio siglo atrás la Comunidad Valenciana
y el resto de España eran muy a menudo escenario de
grandes fríos, como prueban los datos de los meses de
enero de 1944, 1945, 1946, 1947, 1954 y 1957, y los de
febrero de 1954, 1963 y 1965, entre otros.
En
enero de 1957 se alcanzaron los –24 °C de Villena que,
según la información actualizada del INM, suponen el
récord oficial de frío en la Comunidad Valenciana,
mientras que en febrero de 1954 se dieron los –22 de
Castellfort, el segundo registro más bajo. Entre unas
olas de frío y otras existen muchos matices, como el
hecho de que en las de 1945, 1946, 1947 y 1954 los
temporales de nieve desempeñaron un papel destacado. En
febrero de 1956, sin embargo, aunque también nevó
algunos días —en Valencia hay anotado un día— en el
interior y en la costa, se vivió un mes de cielos muy
despejados, y eso propició la catástrofe
agrícola.
En
el resto de España las condiciones de febrero de 1956
fueron tanto o más excepcionales que en la Comunidad
Valenciana. El día 2, en la primera acometida de aire
ártico, se alcanzaron –32 °C en el Estany Gento, un
observatorio de la provincia de Lleida situado a más de
2.000 metros de altitud. Es la temperatura más baja que
se ha registrado en la red de observación meteorológica
española desde que existe, según el INM.
Parte Meteorológico del mes de febrero de
1956 del Observatorio Meteorológico de Valencia.
Sombreados, los datos correspondientes a los días 11 y
12 de febrero, en el que se puede observar una mínima de
- 9,2º.
| Localidad |
Altura |
Día |
T. Mín |
| VISTABELLA |
1400 |
12 |
-19,0 |
| CASTELLFORT |
1181 |
11 |
-17,0 |
| BOCAIRENT |
740 |
12 |
-15,0 |
| VILLENA |
505 |
11 |
-15,0 |
| CASTIELFABIB |
1344 |
11 |
-14,0 |
| VALLANCA |
970 |
12 |
-13,6 |
| UTIEL |
742 |
12 |
-13,0 |
| SIETE AGUAS |
697 |
12 |
-13,0 |
| BUÑOL |
387 |
11 |
-12,0 |
| ALPUENTE |
109 |
212 |
-12,0 |
| BUGARRA |
178 |
11 |
-11,8 |
| IBI |
816 |
11 |
-11,5 |
| REQUENA |
692 |
12 |
-11,5 |
| ARAS DE ALPUENTE |
936 |
11 |
-11,5 |
| JIJONA |
415 |
11 |
-11,0 |
| BENAGEVER |
461 |
12 |
-11,0 |
| ZUCAINA |
610 |
12 |
-11,0 |
| ALCOLECHA |
739 |
11 |
-10,0 |


Parte
meteorológico del mes de febrero de 1956 del
Observatorio Meteorológico de Valencia. Sombreados los
datos correspondientes a los días 11 y 12 de febrero,
donde se pueden observar mínimas de
-9.2ºC.
Nota de la RAM. Texto de
Diario de Levante
|